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sábado, 18 de octubre de 2008
Adaptación libre de la Leyenda del Palo Borracho

Había una vez un muchacho y muchas chicas que lo amaban. Pero él solo quería a una señorita.
Un día ella se fue de viaje y en el camino la encontró un indio ladrón y la mató.
Como parecía que no iba a volver más el muchacho la fue a rescatar con su caballo.
Pero cuando llegó era tarde… ya la habían enterrado.
Y descubrió que en ese mismo lugar había crecido una flor.
Muy triste, el muchacho se puso a llorar y sin darse cuenta sus pies comenzaron a convertirse en raíces, sus manos en ramas, su cabeza en hojas de árbol y su cuerpo en un tronco con espinas.
No podía soportar el dolor. pero finalmente quedó convertido en un hermoso árbol para cuidar a su amada que se quedó como una flor.
miércoles, 15 de octubre de 2008
martes, 14 de octubre de 2008
Leyenda del Palo Borracho de la escritora Santafesina Zunilda Ceresole de Espinaco

En tiempos en que la selva estaba habitada por hombres de piel cobriza que cuidaban de ella, pues su sabio razonamiento les indicaba no amputar sus recursos para poder vivir y alimentarse, se desarrolló una historia de amor que dio como fruto una nueva especie vegetal, adorada y apreciada por los beneficios que brindaba pródigamente.
Según se narra, la delicada belleza de una jovencita la hacia serla más deseada para esposa de los jóvenes guerreros de la tribu; decenas de ojos enamorados la observaban cuando erguida y ondulando sus caderas se dirigía a llenar cántaros al río.
En la soledad no eran pocos los que entonaban encendidos cantos de amor al recordarla o vivían anhelantes por recibir tan sólo una mirada de sus vivísimos ojos negros. Mas ella ya había dado su corazón a un fornido guerrero tan hábil en el manejo de las armas como en pronunciar palabras apasionadas que le regocijaban el alma y hacían latir frenéticamente su corazón.
Un día aciago, el enamorado partió con sus compañeros a guerrear contra una tribu enemiga cuya ferocidad era temida por las tribus vecinas.
Ella lo despidió y su mano, moviéndose como un lento aleteo, le dijo adiós luego de prometerle amor eterno.
El tiempo transcurría y el amado no regresaba; la jovencita anhelaba poder treparse por el aire hasta alcanzar un viento que la llevase hasta el lugar en que este se hallara, en tanto un hijo crecía en sus entrañas...
Muchos quisieron brindarle amor pero ella los rechazó a todos sistemáticamente.
Cuando comprendió que el guerrero no regresaría jamás, abandonó el poblado y se internó en la espesura selvática para dejarse morir.
Una mañana en que la brisa anunciaba el tiempo de primavera esparciendo aromas florales, un grupo de cazadores encontró su cadáver en un claro de la selva. Decidieron darle sepultura... pero al levantarla notaron que sus brazos comenzaron a prolongarse como ramas y que su cuerpo grávido se redondeaba aún más.
Aterrorizados huyeron hacia la tribu sin entender el hecho sobrenatural. Días más tarde no pudieron vencer su curiosidad, se animaron a volver al lugar y al llegar encontraron un espléndido árbol de tronco globoso, con enormes espinas y copa cubierta por flores blancuzcas levemente teñidas de rosa.
Comprendieron que era el cuerpo de la joven convertido por los dioses en pródigo árbol: que el tronco imitaba la gravidez de la muchacha, las espinas el punzante dolor que había sentido y las flores amalgamaban la blancura de sus lágrimas con la sangre del guerrero caído en lucha.
El amor no había muerto; permanecería por siempre simbolizado en ese árbol, que no es otro que el que hoy conocemos con el nombre de palo borracho.
Ceresole de Espinaco, Zunilda. 2006
Santa Fe y sus Leyendas.
Santa Fe: Ediciones Parque del Sur
Adaptación libre de la Leyenda del Chañar

Había una vez un nene que se llamaba Joaquín, que todos los días jugaba con sus amigos.
Un día la mamá de Joaquín se enfermó, por eso él le envió una carta al indio Indorrocho para que la salve.
El indio fue velozmente a la casa pero cuando llegó vio que la mamá estaba muerta. Los dos se pusieron a llorar y sus lágrimas cayeron en la tierra donde estaba la madre. Y en ese lugar comenzó a crecer un árbol.
El indio le explicó a Joaquín que ese árbol era la mamá que se quedó para seguir ayudándolo siempre
jueves, 9 de octubre de 2008
Leyenda del Chañar de la Escritora Santafesina Zunilda Ceresole de Espinaco

En medio de un monte del norte de la provincia de Santa Fe vivía una india muy viejecita; su rostro mostraba innumerable arrugas pero sus ojitos negros y vivaces parecían los de una muchacha.
Hasta su rancho, que parecía una mota parda en medio del lugar montaraz, llegaban paisanos y paisanos para que la vieja india les curara las dolencias del cuerpo y del alma con hierbas y conjuros, convocara a la lluvia en épocas de sequía o bien les aconsejara sobre conflictos cotidianos.
Ella hablaba poco pero cuando lo hacía, sus palabras eran precisas y llenas de sabiduría.
Cierta vez unos gringos le llevaron a su pequeño hijo que ardía en fiebre; la mujer observó al niñito preparó prestamente un té con varias hierbas curativas y luego cucharita a cucharita se lo hizo beber, no permitiendo a la madre que lo hiciera ella.
Al poco rato el niño empezó a mejorar y cuando abrió los ojitos, sonrió a la anciana que lo acunaba amorosamente.
El tiempo siguió avanzando con su paso perpetuo y aquel gringuito creció sano y fuerte.
Iba siempre a visitar a su salvadora porque ambos se profesaban un cariño muy especial. Ella le enseñaba entre muchas cosas a hacer velas con la grasa de la riñonada, el poder curativo de las plantas, como así también la época y la hora del día en que era conveniente cosecharlas; le contaba historias de su pueblo mocoví, inspirándole constantemente amor y respeto por la naturaleza.
El niño prefería estar con la india a jugar con los chicos de su edad; su admiración por la anciana se acrecentaba a medida que iba creciendo.
Un día la mujer enfermó, él permaneció constantemente en el rancho; nadie pudo sacarlo de al lado del catre de la enferma.
Presintiendo que la muerte alargaba su mano para llevársela, la mujer, con esfuerzo tomó un amuleto que llevaba colgado al cuello y sonriendo se lo entregó al muchachito para que su mágica protección lo amparara en la vida.
A los pocos instantes murió, llevando en sus retinas y en su cansado corazón la imagen adorada del rubio vástago de la raza que sometiera a su pueblo y a quien amó tanto como a los hijos que había perdido.
Su muerte convocó a la paisanada y fue muy sentida por los lugareños; conforme al deseo que siempre había expresado fue enterrada en pleno monte.
Al colocar sobre su tumba un gran ramo de flores de samohú, el muchachito rompió en un llanto inconsolable y al inclinarse cayó el amuleto que pareció iluminarse misteriosamente: el chico lo levantó amorosamente, intuía que lo sucedido era un mensaje de la muerta.
Entonces en forma sorpresiva brotó de la tierra un tallo con hojas y creció en forma maravillosa, dando nacimiento a un árbol de gran altura con ramas espinescentes y frutos globosos; era muy raro y nadie había visto nada semejante.
Este es el origen del chañar, nacido del cuerpo de la india que amó de tal manera a un niño blanco, que quiso volver de la muerte, en forma arbórea, para darle consuelo.
En su nueva existencia, ella siguió prodigando el bien ya que el chañar es realmente útil: proporciona madera de buena calidad, ofrece frutos comestibles con los que se prepara arrope y una especie de aloja, sus hojas y corteza son medicinales, embellece el paisaje con sus flores de corolas amariposadas de color amarillo-anaranjado y brinda montes de abrigo para el ganado.
Fuentes Documentales
Ceresole de Espinaco, Zunilda. 2006. “Santa Fe y sus Leyendas”. Santa Fe: Ediciones Parque del Sur
Adaptación de la Leyenda la Flor del sapo.

Había una vez un nene que era bueno y muchos sapos que eran malos y le hacían pichí en la mano. Cada vez que llegaba a su casa los papás lo retaban porque estaba mojado y lo castigaban dejándolo encerrado en su pieza sin comer.
El lloró hasta que se le ocurrió escaparse por la ventana.
Estaba muy enojado porque los padres lo habían retado por culpa de los sapos.
Cuando salió se fué a esconder a esperar que lleguen los sapos y cuando llegaron, los sorprendió y se asustaron tanto que se fueron saltando, saltando hasta que salió el sol y los convirtió en una flor de sapo por que se habían portado mal con el nene.
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MASA DE SAL Ingredientes: - ½ parte de sal - ½ parte de agua caliente - 1 parte de harina común - 1cucharada de vaselina - 1 cucharada de glicerina Preparación: - Disolver la sal en el agua caliente - Incorporar la harina de a poco y mezclar - Agregar por ultimo, la glicerina y la vaselina. Amasar - Guardar en un bolsa bien cerrada fuera de la heladera Recomendaciones: - Si la masa quedo floja, agregar harina parar darle consistencia - Es posible que se afloje el día posterior a su elaboración, hasta que se despeje de las manos. - Si se torno dura o quebradiza, incorporarle unas gotas de vaselina y amasar nuevamente - Esta masa necesita un breve horneado para dar mayor dureza a las piezas. Previamente se deja secar uno o dos días a temperatura ambiente - Se puede dibujar la pieza con marcadores al agua, una vez seca, antes o después de ir al horno. - Para pegar las diferentes piezas se utiliza engrudo. - Se conserva mucho tiempo si se la guarda bien tapada. - Se puede pintar, una vez seco, con cualquier pintura o bien teñir la masa con óleos MASA RÁPIDA Ingredientes: 1/2 litro de agua 2 cucharadas de harina 1 cucharada de aceite 1 taza de tiza en polvo Preparación: Hacer engrudo con 1/2 litro de agua y 2 cucharadas de harina. Luego de que se espese agregar 1 cucharada de aceite. Dejar enfriar y agregar 1 taza de tiza en polvo. Guardar en la heladera en una bolsa de nylon. Dura 20 días. En el momento de utilizar, agregar yeso, el doble de cantidad. Se puede modelar o hacer planchas del espesor deseado utilizando un palote de madera o una botella de vidrio. En 1/2 hora se endurece. Pegar con cola vinílica. Pintar con látex o acrílicos y barnizar.




